Víctor Frankenstein joven estudiante de medicina, al no superar el duelo de su madre se refugia en sus estudios, tomando con gran interés el estudio de la filosofía natural; mismo interés que crea en él una misteriosa obsesión dentro de sí por ofrecer de nuevo la vida a aquellos que la disfrutaron alguna vez. Esta idea incluía también sentirse como un creador y por consiguiente igualarse a dios en el momento en el que su creación le agradeciera por darle vida y lo viera como un padre. De esta manera, Víctor podría sentirse amado y sustituir de alguna forma el cariño de su madre fallecida.
Sin embargo la reacción del joven estudiante de medicina al ver como su creación pasa de un estado inerte (muerto) a un estado en movimiento (con vida), fue totalmente diferente a la esperada, pues éste huye dejando en total ABANDONADO a su creación, aún que el ser vivo creado por él le extiende el brazo en señal de ayuda.
Mucho hay que comentar a partir de este acto. Primero que nada Víctor al desear crear “algo” y querer sentirse como dios refleja una terrible soledad y completa ausencia de amor, pues lo único que pretende al ser dador de vida, además del conocimiento, es la satisfacción de que “alguien” le reconozca y le de el amor que nunca recibió. Pretendía sentir el placer de vencer a la muerte con la vida que él dio, pues fue la “muerte” la que le arrebató a su madre, de esta manera Víctor podría sentirse superior a la muerte misma. Pese a esta expectativa, Frankenstein no transmite amor cuando su “engendro” toma vida, sino todo lo contrario lo deja en abandonado sin apoyo alguno, y peor aún no es capaz siquiera de “enseñarle” a su “engendro” el porque lo había creado.
Cuando un ser humano juega a ser dios, nos referimos a una persona que quiere ser más de lo que en realidad es, a una persona que está vacía de sí y que pretende en la creación del otro (engendro) llenarse a sí mismo. Sin embargo cuando logramos crear “algo” y conseguir nuestro cometido, no sabemos reconocer lo que construimos y mucho menos sabemos guiar y ser responsables de nuestros actos, y generalmente el hombre termina siendo arrastrado por su cobardía.
Es por eso que miramos que Víctor era un sujeto inconforme de lo que era para sí y para la sociedad, pues no debió ser fácil ser una persona que pasa desapercibida ante la mayoría, pese a un gran intelecto. A propósito del intelecto, consideramos que este fungió como refugio a su sufrimiento e inconformidad con el ciclo de la vida, esencialmente con la parte de la muerte, pues miramos la muerte como parte de la vida.
Por último cerramos con estas dos paradójicas frases, para reflexionar acerca de lo que puede hacer y ofrecer el ser humano.
“La cosa más valiosa que puede ofrecer y tomar el ser humano es el amor”
“Lo peor que puede hacer el ser humano es el abandono”
Nombre del equipo:
“RETRATOS DEL TIEMPO”.
Integrantes del equipo que colaboraron en la redacción de este texto:
Ávila Lozada Sonia.
Canal Rodríguez Karla Jahaziel.
Eugenio Vázquez Yaneth.
Lara Correa Susana.